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DESARROLLO PSICOMOTOR BASADO EN NEUROCIENCIA

Proyecto de Innovación Educativa. Colegio Teresiano del Pilar. Zaragoza.

martes, 12 de diciembre de 2017

Educar en la Alegria

La alegría se elige, se cultiva y se educa. No es un estado, es una emoción. No es la
felicidad, que de existir, sería una meta en el camino. Es el motor de ese caminar. La
alegría energiza a las personas, las lleva a actuar, a crear, a buscar y a jugar. Es el

motor del alma.

Pero la alegría es, además, una emoción protectora. Impulsa al ser humano a la
entrega y al vínculo. Es uno de los pilares de la intimidad en las relaciones afectivas
y se favorece aún más en las situaciones grupales, es clave para la conexión y del
encuentro. Sin olvidar de una de sus mejores virtudes: es contagiosa.
Por todo ello, la cotidianidad de las familias, las escuelas y los centros debería
estar inundada de esta emoción. Y no sólo porque surja, o por el carácter de las
personas que allí convivan, sino como una opción consciente y elegida por familias y
educadores.

Si los niños y niñas ríen cada día serán más fuertes y más capaces de protegerse,
clave de la inteligencia somato sensorial. No temerán entregarse, clave para la
construcción de vínculos afectivos positivos. Y se sentirán motivados y abiertos a

aprender, clave para el desarrollo cognitivo.

Pero el mundo en el que están creciendo los niños y niñas parece haberse definido
desde la opción contraria: la opción por la desesperanza, la tristeza y la impotencia.
Una opción inculcada y difundida por los medios de comunicación, instituciones,
instancias educativas o familias y que lleva a la parálisis y la resignación.

Al hablar de la opción por la alegría, no se trata de ser ingenuos. Cuando se vive
con consciencia y apertura se ve el dolor y la injusticia. Vivir con consciencia implica
aceptar las preguntas sin respuesta, y a partir de ahí, elegir la actitud desde la que
vivir. Pero privar a los niños y niñas de esperanza y de confianza en el futuro daña su
desarrollo.

¿Cómo llevar esa opción por la alegría a nuestra cotidianidad? Creando momentos

para el gozo y el placer cotidianos: un abrazo, masaje, cuento, guiño, juego… Eligiendo
el vaso medio lleno, que existe igual que el medio vacío, y enseñando a los niños y

niñas a ver siempre los aspectos positivos de cada vivencia. Así fortalecemos sus
capacidades de resiliencia, las que les permitirán resistir y rehacerse del daño y el dolor
que seguro habrán de afrontar. Y llevando la atención a los detalles pequeños, para
centrarse en la vivencia del aquí y el ahora.

La alegría es real. Pero hay que elegirla. Y hacerlo con consciencia.


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